lunes, 31 de enero de 2011

Extrañar... triste verbo...


¿Existe algo peor que extrañar? Debe ser una de las acciones humanas más tristes que existe, no se puede resignar ni se puede enviar a un rincón olvidado, extrañar es como una espina dolorosa en el alma, algo con lo que despiertas, vives, duermes, sueñas. Jamás olvidare cuando un primo extravió a su perro, él y su mascota eran inseparables, el día que lo perdió sus días se volvieron grises, extrañaba sus ladridos, verlo día a día en su rincón, mirándolo y recordándole que no estaba solo, que tenia alguien que le hiciera compañía. Durante las noches mi primo, dormido, llamaba a su perro, quizás en sus sueños volvían a estar juntos y su mente se auto regalaba un momento de plena felicidad. Precisamente a eso quería llegar, ¿Qué se extraña? Al parecer el mundo esta en nuestra mente, decía mi papá cuando temía dormir solo, pero tiene mucho sentido en este asunto, hay cosas, lugares y sobre todo personas que nos hacen sentir diferentes, su presencia nos colma de tranquilidad y felicidad, no tenerlos es sentir ese vacio espiritual. ¿Qué hacer cuando se extraña? Lamentablemente no se puede hacer nada, en realidad, extrañar es parte de vivir, extrañar es la porción de la vida entre dos felicidades. No extrañar implica no amar, quizás, es como intentar vivir en un mundo feliz, eso no existe, extrañar es natural, es lo que nos hace esencialmente humanos, amar puede llegar a ser el odiar la sensación de extrañar, esta todo relacionado. Extrañar, todos sabemos lo que es, pocos saben lo que es capaz de llevarnos a hacer, cuando se extraña no se puede evitar la locura, es como sentirse solos rodeados de gente, se extraña lo que falta, lo que hace que la vida sea vida y da sentido a la sonrisa. Pero al final extrañar tiene algo bueno, el encuentro, el momento en el que pareciera que el corazón se detiene, cuando todo se vuelve gas y eres solamente tu y que extrañabas, el contacto, que sensación más espectacular, sentir que lo extrañado, que el trocito de vida que faltaba vuelve a su lugar, respirar, sonreír de nuevo y desear que el mundo se detenga en ese instante. Luego despedirse, donde comienza el proceso e extrañar nuevamente, la mente que vuelve a castigar el alma pidiendo algo que sabe no puede tener, el segundero vuelve a ser notorio y azota con cada movimiento, con lento, eterno y torturador movimiento, segundo a segundo extrañar se vuelve una agonía que te mata lentamente, y el ser dentro de nosotros comienza nuevamente a preguntar: ¿Existe algo peor que extrañar?

Dedicado a Constanza, quien inspiró este montón de palabras juntas :)

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