sábado, 9 de junio de 2012

Ahora tengo una vida que compartir...

Después de meses persiguiendo lograr que la razón fuera más que el sentimiento, puedo decir hoy que he conseguido estar listo para dar vuelta la página, poner punto final a este terrible capítulo o la metáfora que usted, señor lector, prefiera. Desde lejos puedo ver el tiempo mal gastado, pero también puedo ver la posibilidad de un futuro mejor, sin caer nuevamente en las redes del amor desdichado. Creo que estoy listo para compartir la vida con alguien más, pero esta vez sin ser presa del capricho y la estupidez de la inexperiencia.
Miro hacia atrás y sonrío ante el recuerdo de las tonterías dichas y hechas, el sufrimiento inmerecido y las jornadas de reflexión sobre el sentimiento que no poseía ni la mitad del valor de una buena amistad. Sin embargo, agradezco al destino haber sido protagonista de una historia desafortunada porque me ha permitido en mi primer quinto de vida sentir y aprender un sinnúmero de elementos útiles en la vida de cualquier persona que pasa por este plano mortal.
Por ahora, si tuviese que entregarle algo a usted, lector que ha sido el fiel espectador de mis más profundas y lamentables sentencias, es que el respeto a uno mismo es fundamental. Pareciese que nos hemos olvidado que las penas de amor o relacionadas con nuestro plano sentimental no tienen culpa fuera de nuestra propia existencia, somos nosotros aquellos que nos hacemos daño, nosotros dictamos lo que hacemos y todo lo que nos pase esta escrito por nuestro propio deseo.
Cuando nuestras vidas se transforman en un lamento continuo es la señal de que algo en nosotros esta mal, rehabilitarse implica entonces escucharnos, tener la valentía de enfrentar nuestras propias emociones. Hay personas que tardan en darse cuenta que son ellos mismos quienes se generan el daño, algunos se tardan meses, yo me tarde un par de años y otros mueren sin saber que dependía de ellos ser felices.
Todo el mundo se aprovecha de la debilidad de algunos, por ende es responsabilidad de nosotros ser fuertes y canalizar nuestras energías en aquello que nos hace bien, en todo que nutra nuestra existencia de forma positiva. ¿Cómo puedo decir Te Amo si no supiese que soy capaz de quererme a mi mismo? No tiene lógica soñar en ser amado sin ser capaz de expresar amor por si mismo. ¿Dejarías que alguien viniese y te escupiera en la cara? Entonces, porque dejas que alguien juegue con tus sentimientos y manipule tu vida a su cruel y caprichoso antojo.
Ahora habilitémonos todos para disfrutar, seamos campo fértil para el fruto de la felicidad sincera y para que nuestra vida, ese momento breve entre el llanto primero y suspiro final, sea lo que tiene que ser, una vida. Agradecer puedo, a la divinidad que usted prefiera, tener una familia que adoro ardorosamente, una mejor amiga que cualquiera soñaría con tener, amigos y compañeros que rozan el intangible concepto de la perfección y la oportunidad de decir frente a todos: YO SOY FELIZ.

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