Una mañana fría en la ciudad de Coquimbo, me levanto puntualmente para tomar desayuno con la familia, puntualmente es cosa relativa, porque cuando tomé mi ubicación habitual en la mesa, entre mi madre y mi prima, el desayuno se había acabado. ¿Qué haremos -Dijo mi tía- para finalizar el bicentenario? En mi mente repetía... "A la pampilla no, a la pampilla no..." Sin embargo, en mi destino ya estaba escrito que tendría que soportar el mal olor, el ruido infernal, la tierra y por sobretodo a la cantidad inimaginable de rostros que caminan, esclavos del dinero, del alcohol y la tradición. Irse a la Pampilla significó una travesía, necesitábamos introducir nueve personas, es decir, nosotros, en el auto, y poder sortear sin contratiempos los controles policíacos, al fin la solución fue que mi hermano y dos de mis primas se fueran en el maletero, no fue un viaje muy elegante ni digno que digamos pero llegamos sin tener que lamentar nada. La Pampilla, siempre será el lugar detestable que recuerde, peor significo pasar por el sector de las insalubres carpas, resulta que no sólo les basta con tener cada familia la música a más no poder, ahora pasa una especie de máquina de bulla que en su máximo esplendor son tres señoras cantando cuecas a más no poder con la garganta. El comercio, este año no recordaré con tanto odio el comercio, pasó que a mi hermano se le ocurrió comprar un volantín, creo que me dio un poco de envidia verlo jugar con su volantín así que me acerque a uno de estos caballero que venden volantines y le pedí uno. Me dijo "Seleccione el diseño" eso es lo que logre entender porque en realidad dijo algo como "Ahí elije el que más te guste" o "Elije de la caja", pero fue algo así lo que trató decir. No encontraba ninguno que me gustara, en realidad había mucha variedad pero de verdad ninguno que me gustara, había uno incluso con la imagen de la Torre Eiffel, pero estaba tan mal hecho que con una sonrisa fingida lo devolví a la caja. Cuando habia perdido toda esperanza el caballero saca de otra caja un volantín y me dice "Me queda el último de estos, la bandera de Europa" Mire detenidamente el volantín y después mire con una expresión de odio y le dije "Es la bandera del Reino Unido" Hizo un gesto de ¿A quién le importa? Lo compré, era increíble, después de tener que soportar una especie de cátedra de como jugar con mi nueva inversión me dispuse a jugar con mi cometa. Creo que entre nosotros surgió una especie de amistad, extraña amistad entre un joven y su volantín, no puso ningún problema para despegar, simplemente voló, se acercó al cielo y se mantuvo firme en su posición ante mi mirada cautelosa. De pronto, como si se tratara de una guerra patriota apareció un volantín con la bandera chilena, se acercó lentamente y luego en un parpadeo su maldito hilo corto en dos trozos la unión material entre mi volantín y mi alma de infante. Corrí desesperadamente para rescatar a mi amigo pero estaba en las sucias manos de una especie de delincuente en miniatura, a continuación nuestro dialogo:
- Oye pásame el volantín - Dije
- Que si ahora es mío - Dijo el delincuente
- Oe' ya po' pásalo -
- Te lo vendo en luca -
- ¿Qué? Trae el volantín pa' ca' -
De un manotazo se lo quite de las manos, me miro amenazador pero mi estatura y mi mirada de "Corre o te mato" fueron más, guarde mi volantín con temor a que volviera, se supone que eso es lo que se hace con los amigos, se protegen con la vida. Después de vuelta a la casa, escribir en el blog, junto a mi querido volantín.
jshajhsjashajhsjahsjahjsahjshajshajhsajshajshajhjahajshajhsjahsjasha xzzxzxzxz las weas qe escribi primo wnajshjahsaxz me kague de la risa, sobre todo con lo de tu "amigo" creo qe te falto la parte de los servicios en la empada para el desayuno & las cuecas ajshajshajs xz
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